Tecnología, eficiencia y calidad comienzan a ocupar un lugar central en las decisiones de los productores lecheros de Entre Ríos. En una act...
Tecnología, eficiencia y calidad comienzan a ocupar un lugar
central en las decisiones de los productores lecheros de Entre Ríos. En una
actividad donde los márgenes siguen siendo ajustados, la clave ya no pasa
solamente por aumentar el volumen de leche, sino por producir de manera más
eficiente.
La lechería entrerriana atraviesa una etapa en la que cada
decisión dentro del establecimiento puede tener un impacto directo sobre el
resultado económico. Alimentación, reproducción, sanidad, calidad de leche,
mano de obra y tecnología dejaron de ser cuestiones independientes para
convertirse en piezas de una misma estrategia: hacer más eficiente el tambo.
Los últimos informes disponibles del INTA muestran
precisamente la presión que existe sobre los márgenes. En abril de 2025, el
costo promedio de producción del litro de leche en los modelos analizados para
Entre Ríos alcanzaba los $439,14, mientras que la rentabilidad promedio de las
empresas tamberas se ubicaba en 3,74%.
La situación también debe analizarse en relación con los
precios de los insumos. En el informe económico de enero de 2026, el INTA
advertía que el precio de la leche al productor mostraba una variación mensual
inferior al 0,3%, mientras que el dólar avanzaba algo más del 1%, generando una
caída del precio de la leche medido en dólares. Al mismo tiempo, la relación
entre litros de leche y toneladas de maíz venía deteriorándose: se necesitaban
cerca de 580 litros para adquirir una tonelada, frente a un promedio de
aproximadamente 480 litros durante los dos años anteriores.
La eficiencia como estrategia de supervivencia
En este escenario, el debate sobre el futuro del tambo
entrerriano empieza a cambiar.
Ya no se trata únicamente de tener más vacas o producir más
litros. La pregunta que comienza a ganar importancia es otra:
¿Cuánto cuesta producir cada litro y cuánto valor se obtiene
de ese litro?
La respuesta depende de múltiples factores. Una mejor
conversión alimenticia, menos días abiertos, menor incidencia de enfermedades,
reducción de pérdidas de leche, mayor calidad higiénico-sanitaria y una
organización más eficiente de las tareas pueden representar mejoras económicas
incluso sin realizar grandes inversiones.
La tecnología también empieza a ocupar un papel cada vez más
importante.
Un caso reciente ocurrido en Seguí resulta ilustrativo. Una
familia tambera incorporó un robot de ordeño con el objetivo de mejorar la
eficiencia del establecimiento, facilitar el manejo y anticipar problemas
sanitarios. El establecimiento comenzó utilizando el sistema para una parte del
rodeo y proyecta ampliar progresivamente su utilización.
No todos los tambos necesitan —ni pueden— incorporar un
robot. Pero el caso sirve para mostrar una tendencia: la tecnología empieza a
ser considerada como una herramienta productiva y no solamente como una
inversión de gran escala.
Calidad: producir mejor también puede ser producir más
rentable
Otro de los caminos que está tomando fuerza en Entre Ríos es
el de las Buenas Prácticas Lecheras.
En febrero de este año, el Gobierno provincial presentó los
resultados iniciales de un programa que ya contaba con 50 establecimientos
adheridos, desarrollado junto con la Universidad Nacional de Entre Ríos, el
Consejo Federal de Inversiones, INTA y organizaciones vinculadas al sector.
El objetivo no se limita a responder a las exigencias del
consumidor. Las buenas prácticas también pueden ayudar a ordenar los procesos
internos, reducir errores, mejorar la higiene, facilitar el trabajo cotidiano y
generar información para tomar mejores decisiones.
En definitiva, calidad y eficiencia empiezan a formar parte
de una misma ecuación.
El desafío para los próximos años
Entre Ríos conserva una característica que la diferencia de
otras grandes cuencas lecheras: una fuerte presencia de establecimientos
familiares y tambos de escala pequeña y mediana.
Precisamente por eso, las estrategias para mejorar la
competitividad no necesariamente pasan por copiar el modelo de los grandes
establecimientos. La realidad entrerriana requiere soluciones adaptadas a su
escala, disponibilidad de tierra, sistemas pastoriles, mano de obra y
posibilidades de inversión.
En este contexto, el desafío será encontrar aquellas
tecnologías y prácticas que permitan mejorar el resultado económico sin
comprometer la estructura financiera del establecimiento.
La pregunta ya no parece ser si el tambo entrerriano
necesita modernizarse. La discusión pasa por cómo hacerlo, cuánto invertir y
dónde está el mayor retorno para cada establecimiento.
Porque en una actividad que trabaja los 365 días del año,
pequeños cambios sostenidos pueden terminar generando grandes diferencias.
Y quizás allí esté una de las claves del futuro de la
lechería entrerriana: no necesariamente producir mucho más, sino lograr que
cada litro producido genere mayor valor.
Infolactea.com.ar