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Entre Ríos produce más leche, pero el desafío sigue siendo que producir más también sea un mejor negocio

La lechería entrerriana atraviesa una etapa de contrastes: crece el volumen y aparecen nuevas oportunidades de tecnología, calidad y articul...

La lechería entrerriana atraviesa una etapa de contrastes: crece el volumen y aparecen nuevas oportunidades de tecnología, calidad y articulación institucional, pero los márgenes continúan bajo presión. Para los tambos y las queserías, el desafío pasa por ganar eficiencia, agregar valor y construir condiciones que permitan sostener la actividad en el territorio.

Durante los primeros siete meses de 2026, la producción nacional de leche aumentó alrededor de un 9% interanual, pero al mismo tiempo la facturación promedio de los tambos cayó 10,8% en términos reales. El precio de la leche retrocedió 18,2% frente a la inflación y 13,9% medido en dólares. La paradoja es evidente: se producen más litros, pero esos litros no necesariamente generan más rentabilidad. Y Entre Ríos no escapa a esta realidad.

Un precio que todavía no alcanza a resolver el problema
Según los últimos datos publicados sobre julio, el precio promedio de la leche en Entre Ríos se ubicó en $521,74 por litro, frente a un promedio nacional de $527,47. La diferencia puede parecer pequeña, pero adquiere otra dimensión cuando se multiplica por miles de litros diarios y se la compara con los costos de alimentación, energía, sanidad, mano de obra, mantenimiento e infraestructura. Además, la provincia presenta una realidad productiva heterogénea. Los datos correspondientes a junio muestran una diferencia importante entre las dos grandes cuencas entrerrianas. Entre Ríos Este registró un promedio de 4.199 litros por tambo y un precio de $545,36 por litro, mientras que Entre Ríos Oeste, donde se concentra la mayor cantidad de establecimientos, presentó una escala promedio de 1.999 litros diarios y un precio de $503,83.

La diferencia no es menor
Hablar de “la lechería entrerriana” como si todos los tambos enfrentaran la misma realidad puede llevar a diagnósticos equivocados. Hay distintas escalas, sistemas productivos, niveles de inversión, condiciones logísticas y posibilidades de agregado de valor. Y probablemente allí esté una de las claves del futuro. El desafío no es solamente producir más. El crecimiento de la producción es una buena noticia para una cadena que necesita recuperar escala. Pero también obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿Qué sentido tiene producir más si el resultado económico del productor no mejora?. El dato nacional es contundente. Mientras la producción creció 9% entre enero y julio, el ingreso real del tambo promedio retrocedió.
Esto coloca a la eficiencia en el centro de la discusión. No se trata solamente de aumentar litros por vaca. También entran en juego la calidad de la leche, los sólidos útiles, la alimentación, la reproducción, la sanidad, el uso de tecnología, la escala y la capacidad de negociar mejores condiciones comerciales. En este punto, Entre Ríos tiene una fortaleza que merece ser observada. Según datos de OCLA difundidos por CAPROLER, durante junio la provincia presentó una participación del 64,2% del precio total vinculada al básico de sólidos, la proporción más alta entre las provincias lecheras analizadas. En la Cuenca Entre Ríos Oeste, además, la grasa butirosa alcanzó un promedio de 4,11%, uno de los registros composicionales más elevados del país. Es decir: la materia prima entrerriana tiene atributos que pueden transformarse en valor económico. La pregunta es cómo capturarlo.

El tambo quesería también forma parte de la respuesta
La discusión sobre el futuro de la lechería provincial no puede quedar limitada a los grandes establecimientos. Entre Ríos posee una característica particular: una importante presencia de tambos pequeños, familiares y tambos-quesería, especialmente en la región de Nogoyá y su área de influencia. El Cluster Lechero del Centro Entrerriano estimó históricamente unas 445 unidades productivas en la cuenca Nogoyá-Tala, junto con un importante entramado de productores queseros e industrias. Para muchos de esos establecimientos, industrializar una parte de la producción no es simplemente una alternativa comercial: puede ser una estrategia para retener mayor proporción del valor generado por cada litro de leche. Por eso, hablar de competitividad lechera en Entre Ríos también implica hablar de habilitaciones, calidad, inocuidad, tecnología quesera, presentación de productos, comercialización y acceso a nuevos mercados.

 
Buenas prácticas: del discurso a la gestión del tambo
En este escenario cobra especial importancia el Programa Entrerriano de Buenas Prácticas Lecheras. La iniciativa provincial alcanzó en su primera etapa a 50 establecimientos, alrededor del 7 al 8% de los tambos de Entre Ríos, y se desarrolló con participación de organismos e instituciones como UNER, INTA y CFI, además de organizaciones vinculadas a los productores. El valor de este tipo de programas está en que las buenas prácticas no deberían entenderse únicamente como una exigencia sanitaria o ambiental.
Bien aplicadas, pueden significar ordenar procesos, reducir pérdidas, mejorar la calidad de la leche, optimizar recursos y tomar decisiones con mayor información. Y en una actividad donde los márgenes son cada vez más sensibles, pequeños cambios de eficiencia pueden tener un impacto significativo.

El papel del Estado
El contexto también obliga a mirar el rol del Estado. El Gobierno de Entre Ríos viene planteando una estrategia basada en acompañar al sector privado, promover inversiones y fortalecer las cadenas productivas. En febrero, el Ministerio de Desarrollo Económico reunió a representantes de la industria láctea para analizar la situación del sector y trabajar sobre inversiones, empleo y condiciones de crecimiento. Ese camino es positivo, pero también debe ser acompañado por una mirada crítica. El productor necesita políticas, pero también necesita resultados concretos. Caminos rurales transitables, energía, financiamiento, infraestructura, asistencia técnica, previsibilidad y reglas claras siguen siendo factores determinantes para decidir si se mantiene un tambo, se invierte o se abandona una actividad. La política pública puede ayudar a generar las condiciones. La rentabilidad, en definitiva, debe aparecer dentro del establecimiento.

Una oportunidad que obliga a mirar hacia adelante
Hay otro dato que merece atención. El OCLA registra una reducción sostenida del número de tambos. En agosto de 2026, las unidades productivas a nivel nacional fueron 2,78% menos que un año atrás, mientras que la cantidad de vacas prácticamente se mantuvo estable. Al mismo tiempo, aumentó la cantidad promedio de vacas por establecimiento. Es una tendencia que excede a Entre Ríos y que tiene una explicación económica: la producción se concentra y los establecimientos que permanecen necesitan ganar escala y eficiencia. Pero ese proceso plantea un desafío particularmente sensible para nuestra provincia. No alcanza con conservar la producción de leche. También hay que conservar productores, familias rurales, pequeñas industrias, trabajadores y comunidades que viven alrededor de la actividad. Ahí aparece una de las grandes discusiones que Entre Ríos deberá afrontar durante los próximos años. 

Una lechería entrerriana con identidad propia
La provincia tiene elementos para construir una estrategia propia. Tiene una cuenca de enorme tradición, productores con experiencia, genética, industrias, queserías, instituciones técnicas, universidades, organizaciones de productores y una creciente incorporación de tecnología. Durante agosto, por ejemplo, cinco tambos entrerrianos participaron de la Jura a Campo de la Región Centro, una muestra del nivel genético que existe en establecimientos de la provincia. Y mientras aparecen experiencias vinculadas a automatización, genética, nutrición de precisión y nuevas tecnologías, también existe una realidad de pequeños productores que necesitan herramientas para seguir siendo competitivos. Ambas realidades forman parte de la misma lechería.

El desafío: que el próximo litro valga más
El futuro de la lechería entrerriana probablemente no dependa de una única medida. Será necesario producir eficientemente, mejorar la calidad, aumentar los sólidos, incorporar tecnología cuando el sistema lo permita, agregar valor, profesionalizar las queserías, mejorar la infraestructura y fortalecer la articulación entre productores, industria, organismos técnicos y Estado. En ese sentido, iniciativas como las Buenas Prácticas Lecheras, el trabajo del Cluster Lechero del Centro Entrerriano y la articulación que comienza a construirse con otras regiones de la Región Centro pueden convertirse en herramientas importantes. La discusión ya no debería ser solamente cuántos litros produce Entre Ríos. La pregunta más importante es otra: ¿Cuánto valor puede generar cada litro y cuánto de ese valor puede quedar en el territorio? Ahí puede estar la verdadera oportunidad. Porque la lechería entrerriana tiene problemas, y sería un error negarlos. Pero también tiene productores que siguen invirtiendo, industrias que buscan crecer, queserías que agregan valor, instituciones que acompañan y un Estado provincial que comenzó a colocar nuevamente a la actividad dentro de su agenda productiva. El desafío ahora es transformar esa capacidad en mejores resultados para quienes todos los días mantienen abierto el tambo.



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