2° Congreso Argentino de Forrajes (ExpoAgro 19 al 21 de agosto en Córdoba) : Charla “Impacto del riego en la producción de forrajes” , a...
2° Congreso Argentino de Forrajes (ExpoAgro 19 al 21 de agosto en Córdoba): Charla “Impacto del riego en la producción de forrajes”, a cargo del Ing. Agr. Aquiles Salinas. La exposición partió de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuál es realmente el negocio de regar forrajes?
Más allá de los kilos de materia seca, el riego puede convertirse en una herramienta estratégica para asegurar alimento, sostener la producción y reducir el riesgo climático en los sistemas ganaderos y lecheros.
La primera respuesta podría ser la más evidente: producir
más.
Pero cuando el forraje forma parte de un sistema ganadero o
lechero, el análisis no termina en los kilos adicionales de materia seca
obtenidos por hectárea. El impacto del agua se transmite al resto de la
empresa.Cuando el forraje no alcanza, toda la empresa se detiene. El
problema deja de ser solamente agronómico y pasa a ser económico.
El riesgo no termina en el cultivo
En agricultura, una restricción hídrica puede traducirse directamente en una pérdida de rendimiento. En un sistema ganadero, en cambio, la cadena de consecuencias puede ser bastante más extensa. Una sequía reduce la producción de pasturas y las futuras reservas. Si falta alimento, puede ser recurrir a disminuir la carga, comprar forraje a precios elevados, modificar anticipadamente la dieta o incluso vender animales en condiciones desfavorables.
Por eso, al analizar económicamente el riego de forrajes, no alcanza con comparar cuánto cuesta aplicar un milímetro de agua contra cuántos kilos adicionales produce ese milímetro. Hay que preguntarse qué función cumple ese alimento dentro de todo el sistema.
En agricultura, una restricción hídrica puede traducirse directamente en una pérdida de rendimiento. En un sistema ganadero, en cambio, la cadena de consecuencias puede ser bastante más extensa. Una sequía reduce la producción de pasturas y las futuras reservas. Si falta alimento, puede ser recurrir a disminuir la carga, comprar forraje a precios elevados, modificar anticipadamente la dieta o incluso vender animales en condiciones desfavorables.
Por eso, al analizar económicamente el riego de forrajes, no alcanza con comparar cuánto cuesta aplicar un milímetro de agua contra cuántos kilos adicionales produce ese milímetro. Hay que preguntarse qué función cumple ese alimento dentro de todo el sistema.
Desde esta perspectiva, el riego empieza a adquirir otra función: además de aumentar la producción, puede convertirse en una herramienta para reducir la vulnerabilidad del sistema frente a la variabilidad climática.
Uno de los ejemplos presentados permite visualizar con claridad esta idea. En un estudio sobre la potencialidad de incorporar riego en el Campo Anexo de Dean Funes de INTA, se estimó (con la colaboración del Ing. Torcuato Tessi) para este sistema de cría de 200 hectáreas, una situación completamente de secano y otra en la que solamente 20 hectáreas —el 10% de la superficie— incorporaban riego, mientras las restantes 180 hectáreas continuaban en secano. En el primer escenario, la carga estimada era de 100 equivalentes vaca. En el segundo permitiría llegar 132 EV.
Es decir: regar el 10% de la superficie permitía incrementar aproximadamente un 32% la carga del sistema, de acuerdo con los rendimientos utilizados en el ejercicio presentado.
Hay otra forma de observar el impacto, por cada milímetro de agua que consumen, los cultivos generan distinta cantidad de kg de materia seca, como ejemplo:
soja: 6,92 kg/mm;
trigo: 11,52 kg/mm;
maíz: 22,35 kg/mm;
maíz para silo: 45,29 kg de materia seca/mm.
Desde una mirada exclusivamente agronómica, podríamos detener el análisis allí: medir cuántos kilos adicionales permite obtener cada milímetro.
Pero para un productor ganadero o lechero falta todavía una pregunta mucho más importante.
¿Cuánto ingreso extra (U$S) por milímetro regado me da cada producción?
En la disertación se mostró el retorno creciente y positivo con agregado de valor, del plus que se genera por regar en las distintas actividades.
La comparación no significa que siempre sea más rentable transformar un cultivo en carne o leche. Cada actividad tiene inversiones, costos, riesgos y estructuras productivas diferentes. Pero sí muestra algo conceptualmente importante:
el valor económico del agua no depende solamente de la respuesta agronómica del cultivo. Depende también de lo que el sistema productivo sea capaz de hacer con esa producción.
En los sistemas lecheros esta lógica se vuelve especialmente visible porque la disponibilidad de alimento condiciona directamente la capacidad productiva del establecimiento. La presentación incluyó resultados de sistemas lecheros y del tambo de INTA Manfredi, mostrando cómo el riego modifica tanto la cantidad de alimento producido como la posibilidad de planificar su disponibilidad.
Ahí aparece otra dimensión del valor del agua: la previsibilidad.
Hablar del riego como un “seguro productivo” no significa afirmar que elimina el riesgo. Un sistema bajo riego sigue dependiendo de la disponibilidad y calidad del agua, la energía, el diseño hidráulico, el manejo agronómico, el suelo, el mantenimiento, los costos y muchas otras variables.
Lo que cambia es que una parte importante del riesgo hídrico deja de depender exclusivamente de cuándo y cuánto llueve. Y eso permite planificar.
En ganadería puede significar disponer de una reserva estratégica de alimento para sostener determinada carga. En un tambo puede permitir programar con mayor certeza la producción de los distintos componentes de la dieta.
Y en producciones forrajeras destinadas a comercialización puede significar además producir con mayor estabilidad y homogeneidad. Este último aspecto lo desarrollamos específicamente en Riego, calidad y mercado: la nueva ecuación de la alfalfa competitiva, donde analizamos cómo el riego puede contribuir no solamente al volumen sino también a la consistencia y al acceso a mercados de mayor valor.
Quizás la respuesta más importante que dejó la charla en el Congreso Argentino de Forrajes sea que no existe una única forma de medirlo.
Está el incremento de producción, la productividad de cada milímetro aplicado y el valor de transformar esa materia seca en carne o leche. Pero también está algo más difícil de observar en una planilla de rendimiento: el valor de disponer del alimento cuando el sistema lo necesita. Por eso, antes de decidir cuánto regar, puede ser más importante preguntarse qué parte del sistema queremos estabilizar.
En algunos establecimientos, la respuesta económica puede no estar en regar toda la superficie, sino en identificar una superficie estratégica que permita asegurar una determinada cantidad de forraje, sostener la carga y reducir la exposición del conjunto frente a una sequía.
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